martes, 11 de diciembre de 2012

Triste realidad

Hoy he vivido una situación verdaderamente curiosa que me ha demostrado una vez más como es la vida. Estaba yo tranquilamente sentada en el sucio asiento de un vagón de tren, con mi iPhone en mano, leyendo alguna que otra tontería, hablando con varias personas a la vez y sin molestarme por lo que estuviese  pasando a mi alrededor cuando, de golpe, un señor mayor que repartía papelitos ha dejado uno de ellos a mi lado con la intención de que alguien los leyese y le diese alguna que otra moneda. Yo, como todo el vagón, ni he levantado la cabeza de mi móvil para leer lo que ponía en el papel, y mucho menos he tenido la intención de abrir mi monedero y darle dinero. En cambio, algo curioso me ha hecho levantar la mirada. Delante de mi tenía a un hombre de tez negra, de unos cincuenta años, mal vestido, con la ropa algo rota y una chaqueta que poco le abrigará para el frío que está haciendo, en definitiva, un hombre pobre que tanto podría ser el que estuviese pidiendo. Pero ese buen hombre, ha sacado de su bolsillo lo que serían poco más de cinco o seis monedas, ha suspirado, ha sonreído y acto seguido cuando el triste señor mayor pasaba a recoger los papeles decepcionado por no haber recogido ni una triste moneda, el señor de tez negra le ha entregado esas monedas, que seguramente serían todo lo que tenía para ese día. El otro señor, agradecido, ha sonreído de una manera muy especial, y los dos han intercambiado un extraño apretón de manos por ese generoso acto.
Esa situación me ha hecho pensar mucho; todas y cada una de las personas de mi alrededor, que tenemos de todo, no nos privamos de comodidades ni mucho menos echaríamos de menos un par de euros, que algunos tanto necesitan, ninguna de esas personas han tan siquiera levantado la mirada para ayudar a ese hombre. Pero por otro lado, alguien que probablemente necesita ese dinero, ha comprendido la situación y ha aportado su granito de arena para alguien en una posición similar a la suya.
Con todo esto llego a la conclusión de que a veces, quien menos tiene es quien más valor las pequeñas cosas, la felicidad, el amor, la generosidad, pequeños detalles que pueden hacer feliz a alguien. Mientras que los otros andábamos distraídos en nuestros estúpidos problemas sin real importancia, alguien ante mi ha hecho feliz a otra persona con tan poco. La próxima vez supongo que leeré ese papelito y intentaré aportar mi granito de arena.

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