Ella quería enamorarse, estaba loca por encontrar al amor de su vida sin darse cuenta de que ya lo había encontrado. Tenía mezclas de sentimientos en corazón y cabeza y un nudo desconocido en el estómago cada vez que le veía, sonrisas que salían sin poderlas controlar y lágrimas de impotencia por no tenerle a su lado. Todo empezó soñando, varias noches de insomnio sin poder dormir imaginándose una vida ideal junto a él, haciendo que sus cuerpos se juntasen, besando sus labios, haciéndole feliz, pero no en más que sueños. Ella sabía que era imposible, que algo que no está destinado a ser, nunca será, pero en su habitación miles de historias podían cobrar vida, montones y montones de minutos podían desperdiciarse pensando en él y ilusiones camufladas entre suspiros podían desvanecerse por el miedo. Miedo a no poder realizar nunca esa fantasía que había creado en su cabeza, miedo a que todo acabase por ser tan solo un sueño truncado y miedo a que toda pequeña esperanza que nadie creía posible, terminase por ser nada más que eso, imposibles que nunca consigues.
Todos esos sueños eran anestesia contra la sociedad, placer para su imaginación y un somnífero eficaz para olvidar el mundo en el que vivía, que por desgracia no era un mundo en el que él pudiese estar.
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