viernes, 13 de septiembre de 2013

Un lugar llamado yo


Marcada por un reloj que va desnudando la vida, regalando segundos a sonrisas desconocidas, perdiendo el tiempo y perdiéndome a su vez con este. Me encuentro no muy lejos de aquí, en ese efímero límite que separa el bien del mal, la cordura de lo absurdo, las ganas de llorar con la incontrolable risa desencadenada por el dolor, donde viven los poetas, los locos, los bohemios, aquellas personas con mentes a las que podrías hacer el amor.

Me encuentro aquí y no pienso volver. Vivo en una equación descontrolada que Newton rechazó, en una Torre de Pisa que por equivocación se construyó completamente vertical, una Fukushima que huele a hierba cortada y oye los pájaros cantar.
Tengo una habitación con cuatro paredes sin ventanas que está abierta de cara a la libertad, un corazón que no late de cangrenado que está, un insomnio descontrolado que no me deja parar de escribir.
Donde sale el sol, y se esconde por la pequeña ventana que se acuesta donde dormimos tú y yo, donde París no está tan lejos como parece, a veces, incluso, bajo las sábanas, donde tu llanto y risa se mezclan para escribir la banda sonora de mis días, donde dormir no es más que un antónimo de vida, porque de sueños ya está llena esta.
En el lugar donde el olvido recuerda momentos que se olvidan recordando, donde el silencio ensordece con su ruïdo aterrador y los sentimientos, no son más que efímeros destellos que nos indican que seguimos vivos.

Sobrevivo en mi imaginación, y por el momento, ya me es suficiente.  

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