lunes, 8 de julio de 2013

Como todos.

Hola cariño,
Primero de todo decirte que lo más probable es que nunca llegues a leer esto,  este triste borrón que va a quedar archivado en un triste rincón de mí misma al igual que muchas otras cosas que me callo y callaré. 
Esto no es una carta, no puedo considerarla como tal por el mero hecho de que a la persona a quien va dirigida no la comprenderá ni intentará leer nunca. Tampoco se trata de los tristes desahogos de una chica, ni de las palabras más bonitas que se habrán leído jamás, no. Yo lo llamaría más bien monólogo interior, tal vez, como hizo la viuda de Mario en sus cinco horas junto a su cadáver, voy a hacer lo mismo, aunque esta vez no te tenga a ti a mi lado, ni estés muerto, solo muriéndote por los huesos de otra. 
La verdad es que no estoy triste, no, ese no es mi estado. No estoy triste, ni cabreada, ni desilusionada, ya he tenido tiempo para estar así. Es más bien una sensación algo extraña, puede que sea el hecho de recordar el olor de tu cuello cuando estaba apoyada sobre tu pecho, puede que por tus malos besos y tu falta de experiencia, puede que por tus palabras bonitas y tonterías, tus actos inocentes y nuestras manos no queriéndose separar cuando nos despedimos por última vez. Puede que sea todo eso, sí, o puede que sea el recuerdo de lo que no ha podido llegar a ser. Pueden ser tantas cosas, que ni yo misma sé lo que son.
Tengo que aclararte, pequeño, que no te quiero, no. Ni te he querido ni te querré. Pero no porque no quiera, más bien porque tú no me has dejado. Y no es que sea cualquier estúpida excusa para parecer que estoy mejor de lo que estoy, hecha mierda, por cierto. Es simplemente una aclaración. No te quiero porque no he tenido tiempo para hacerlo. O tal vez te quiera un poco, aunque no me has podido enseñar de que trata eso de querer. Ahora mismo me siento vacía, no mentalmente, porque como verás, tengo mucho que decir. Es más bien un vacío interno, como si una pieza del rompecabezas más complicado del mundo entero se hubiese caído bajo un precipicio y este no se pudiese terminar sin ese trozo fundamental. Es una sensación de añoranza, de echar de menos todas esas cosas que podríamos llegar a haber hecho, a habernos dicho, pero que han desaparecido porque así tú lo has decidido. Una sensación extraña, la sensación que siente un enfermo cuando se acostumbra a vivir junto a una máquina de oxígeno pegada a él las 24 horas y, de golpe, esa máquina desaparece sin saber porque. La sensación de cuando éramos pequeños, soñando con ser alguien importante, con conseguir ser como aquel que salía por la televisión, pero la ilusión se apagaba cuando te dabas cuenta de quien verdaderamente eran los reyes magos. Así es, mi niño, puede que me haya desviado algo del tema, que me haya perdido entre imbéciles comparaciones que no tienen sentido ni relación alguna, pero ya sabes como soy. Igual que sabes que desde el instante en que cruzamos un rumbo distinto ya te empecé a echar de menos, a echar de menos tus manos, tus labios, tus ojos mirándome. No voy a engañarte, para qué hacerlo ahora si sabes que nunca lo he hecho, he llorado. Sí, yo, la chica dura y orgullosa que nunca llora y siempre pone la maldita excusa de que le ha entrado algo en el ojo, sí, yo misma reconozco haberlo hecho. Pero más que por ti, he llorado por mí. Porque este maldito mundo se ha propuesto no dejar que nada me salga bien, porque esta vez me pensaba que era la buena, la de verdad, que de aquí saldría algo tan bonito como tu risa, pero al final resultó que fue otra la que te oyó reír y no yo. 
Aunque, tengo que decirte que esta situación me provoca parte de risa, una mezcla agridulce entre risa y vergüenza, vergüenza sobretodo por lo que ha pasado, por haberme encaprichado de alguien como tú y haber creído que la luna que prometías iba a ser la de más de una noche, vergüenza porque no voy a admitir que un pedazo de mi se ha roto al leer tus palabras y sobretodo vergüenza de ti, de haber creído que eras diferente, y acabar dándome cuenta que eres uno más. Porque al final, todos termináis siendo como los demás. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario