domingo, 3 de marzo de 2013

Palabras.



Palabras. De palabras las hay en todos los lugares del planeta. Hasta en los más recónditos y ocultos. Las palabras son lenguaje, son miradas, son roces de sonidos. Las palabras cobran vida, bailan y juegan a nuestro alrededor dándole sentido a esta. Palabras ocultas entre frases irónicas que quedan en la ignorancia. Palabras sabias que al poco se olvidan. Palabras que llevas marcadas en el corazón durante toda tu existencia. Palabras que dejan huella. Palabras que recuerdan a momentos, olores, sensaciones, sentimientos, alegrías, tristezas. Pero sin embargo palabras. Palabras duras. Palabras que se dicen sin más. Palabras sin sentido y palabras que lo significan todo. Palabras que repetirías una y otra vez hasta no encontrarles la lógica. Palabras que cuestan de oír. Palabras sinceras escondidas en el oculto fondo de un corazón oxidado. Palabras falsas que caen de la terrible boca de una víbora. Palabras largas y cortas. Palabras que descienden en picado sobre el precipicio de la duda. Palabras que clavan su punzante recuerdo en tu memoria. Palabras jadeantes ansiosas por echar a volar. Palabras que abren puertas o las cierran. Palabras susurradas ante la atenta mirada de la gente. Palabras volando como aves de metal. Palabras azucaradas por el romanticismo desmesurado. Palabras manchadas de acciones que no se complementan con estas. Palabras de lunes por la mañana tomando el desayuno. Palabras que lo cambian todo. Palabras ignoradas y perdidas entre el perfume de un viento pasajero. Palabras, ¿qué son las palabras? Son armas que pueden matarte en un solo suspiro. Oscuros juegos de letras inconexas que pueden significar un mundo. Sonidos habituales acostumbrados a pronunciarse sin auténtico porque. Escrituras o sonidos distintos que te atrapan. Movimientos de labios olvidados al compás de algo que se oye y se siente. Las palabras lo son todo. Son la vida. Aquello que nos da y nos quita. ¿Qué haríamos sin las palabras? Que poco espacio de nuestro tiempo ocupamos a pensar en ellas, y cuan necesarias son en nuestras vidas.

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sábado, 2 de marzo de 2013

Vida, ¿cotidiana?

Respiro hondo. Me lanzo a los adorados brazos de mi cama y suavemente deslizo la sábana cubriendo mi cuerpo. Un escalofrío me recorre de punta a punta al notar el gélido contacto del nórdico. Tengo los pies fríos y la mente en blanco. Necesito pensar, pensar en muchas cosas.
00.00h
Me ha venido a la cabeza la imagen reproducida en secuencias del día ya pasado. Como si de una película se tratase revivo cada instante desde que he salido de la cama por la mañana. El zumo del desayuno, la indecisión diaria al elegir la ropa, las prisas por no llegar, como siempre, tarde. La inutilidad del día perdido invade mi mente. ¿Qué hago aquí y porque he pasado un día de mi vida estancada en la monotonía? Demasiadas veces le doy vueltas a eso, demasiadas veces pienso en lo mucho que me gustaría cambiar mi día a día, pero sin embargo, no hago nada para favorecer esos cambios. Mi vida la invade la jodida rutina y no es más que culpa mía. Y estoy segura de que millones de personas están deseando con fervor dar un rumbo totalmente opuesto a sus vidas, pero no hacen nada para ello. Se limitan a levantarse por las mañanas, sin ganas por cierto, ir a trabajar, a buscar a los niños al colegio, volver a casa, tener que preparar la cena, ¿para luego qué? Irse a dormir tarde y con sueño acumulado maldiciendo su día a día y soñando con una vida radicalmente diferente. Pero eso no esta más que en sus mentes.
Luego está el hecho de autoengañarse a si mismo. Yo misma también lo hago, no voy a ser menos. Piensas que no puedes hacer nada por cambiar, que si tu vida es así es por alguna extraña razón que tiene el destino preparada. Primera mentira. Nosotros somos dueños de nuestra propia vida de la misma manera que de nuestro destino. Nada nos impide hacer ni decidir nada. Es más, somos totalmente libres de hacer lo que nos plazca en el momento que queramos. Mañana mismo podría ir y coger el primer avión a la otra punta del mundo y nadie podría impedírmelo. Bueno sí, el poco dinero que tengo no me lo permitiría, pero eso es otro tema al que no quiero desviarme.
Al leer esto, si es que alguien lo lee, quiero que pienses en que cosas hay en tu vida que te gustan y que cosas no. Veamos, ¿qué cambiaríais de vuestras vidas? Porque sea cual sea la respuesta a esa pregunta podéis hacerlo. Solo tenéis que plantearlo y, a continuación llevarlo a cabo. Las personas necesitamos demasiado que otras personas nos digan que somos felices, o que se nos ve contentos para creérnoslo, somos incapaces de hacerlo por nosotros mismos, sin realmente pensar que podemos conseguir lo que queramos solo por el hecho de desearlo. Aunque sean auténticas locuras, dejaos llevar por vuestros sueños y ilusiones, porque al fin y al cabo, eso es lo que nos mantiene vivos.